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16 de novembro de 2012

Dans la maison, un placer perverso

François Ozon, delightful once! Ainda que o desfecho não me tenha convencido, "Dans la maison" é um filme extraordinário (compreende-se perfeitamente que tenha ganho a "Concha de Oro" para melhor filme...) Recomendo!



“Dans la Maison” es un juego negro, cómico y sensual entre realidad y ficción donde los límites son absolutamente imperceptibles.
La cámara sigue la relación entre un profesor de literatura (Luchini) y su sorprendente alumno Claude Gracia (Ernst Umhauer), que parte de una redacción que se destaca por su contenido inadecuado. Al final, ni “tous les jeunes sont des veaux”…  
De pronto el enfoque se mueve hacia la familia del joven Raphaël (Bastien Ughetto), a partir de la cual Claude traza su historia; todo empieza con la elección de una vida vulgar,  seguida por el ingreso en el hogar de los Artole, que se convierten en un objeto de indagación y fuerza motor de su arte. Fascinado por la existencia mundana y por “l'odeur de la femme de la classe moyenne”, su novela adquiere fuerza e involucra todos los personajes en un contexto abstracto, donde la línea entre lo real y lo ficticio se va quedando gradualmente irreconocible.     
La trama sufre diversos twists, cambiando el enfoque entre la familia Artole y la dupla Germain; independientemente de eso, Claude se mantiene como un demonio seductor enmascarado, manipulando a los demás y dictando su destino.      
Al espectador, así como al profesor Germain, se hace difícil comprehender el propósito de Claude y el misterio que circunda la familia Artole: al final, ¿es Rapha que está enamorado de su mejor amigo o es Claude quien desea a la señora Artole (Emmanuelle Seigner)? Y en cuanto a Germain, ¿qué existe por detrás de todas sus indicaciones y obsesión por la trama? ¿Un afecto erótico o deseo de paternidad? Y la gran cuestión es: ¿cómo va a terminar este juego de personajes, voluntades imprecisas y realidad dudosa? En drama, se puede intuir.
A través de una narrativa genialmente intrincada, basada en la obra de J. Mayorga, “El chico de la última fila”, François Ozon nos plantea una película deliciosa, donde no se distingue donde termina el voyeurisme y donde empieza la ficción. Una “fenêtre sur cour” nos enseña no solo la vida burguesa más allá de su aparente simplicidad, como sobre todo nos confronta con las (i)limitaciones de la avidez de un aspirante a escritor y de la ceguera de su “maestro”.

Una historia que perpetúa la reticencia,         
à suivre…


Raquel Dias
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